viernes, 3 de mayo de 2013

Las cuatro plagas de África. Primera Parte.


El 25 de mayo es el Día de África. Se conmemora la fundación de la Organización para la Unidad Africana el mismo día de 1963. Es un día para pensar en África, es un día para recordar las cuatros plagas que ha sufrido África en los dos últimos siglos, porque, aunque parezca mentira, muchos europeos las han olvidado ya. Otros muchos no quieren oír hablar de ellas, otros las niegan sin conocerlas, y no faltan quienes se refugian detrás de cierta retahíla infantil que viene a decir algo así como, “yo no fui, yo no estuve allí, yo no tengo por qué sentirme responsable de nada, yo no tengo por qué hacer nada”, como si los procesos históricos, y sus secuelas, pudieran encerrarse en los estrechos límites vitales de un individuo.

Por eso hay que recordar que África sufrió y sufre cuatro plagas, a cuál de ellas más dañina: Colonización, Descolonización, Neocolonialismo y Olvido. Quizá sea ésta última la que más duele, porque arrastra a las tres primeras al mismo vacío, y sirve para dar la espalda al mismo continente que antaño se disputaban los europeos en una carrera, decían, por llevar la civilización y el progreso, pero no fue así. Como escribe el historiador Antonio Fernández, el colonialismo, “en el continente del reparto, África, las consecuencias a largo plazo fueron indudablemente nefastas”.

Primera Plaga. Colonialismo: A pesar de esta pretendida misión civilizadora que se arrogaron los europeos, las causas del colonialismo nada tenían que ver con la filantropía, sino con las necesidades propias de Europa, cuya revolución tecnológica e industrial había propiciado a lo largo del siglo XIX un crecimiento sin precedentes. Así de claro las expuso Jules Ferry, primer ministro francés en 1885: “La política colonial se impone en primer lugar en las naciones que deben recurrir a la emigración, ya por ser pobre su población, ya por ser excesiva. Pero también se impone en las que tienen superabundancia de capitales o bien un excedente de productos; esta es la forma actual, más extendida y más fecunda”. Y África estaba, casi literalmente, a los pies de Europa, ofreciendo en sus vastos territorios todo lo que Europa demandaba: mercados exclusivos cerrados a la competencia, lugares donde asentarse, materias primas…Para evitar conflictos entre las potencias europeas, entre 1884 y 1885 se celebró la famosa Conferencia de Berlín. Los catorce países que asistieron acordaron, entre otras cosas, que las reclamaciones sobre futuros territorios en África debían hacerse sobre la base de una ocupación efectiva. La Conferencia daba así el disparo de salida en la carrera por el reparto de África. Sólo había un pequeño problema: en África había gente que, al parecer, se resistía a ser “civilizada” por los europeos, y ofrecieron una feroz resistencia desde el principio a ser “repartidos”. Los argelinos, por ejemplo, se resistieron durante 40 años a los franceses. Los europeos debieron emplearse con fuerza también en Marruecos, Sudán, Guinea, Senegal, Ghana, Malí, Níger, Chad o Tanganika. Como afirma el historiador Miguel G. Orozco: “La resistencia a la ocupación europea fue la tónica en todos y cada uno de los territorios coloniales. Para someter a los africanos, los europeos hubieron de exterminar a cientos de miles, quizá millones de ellos. El empleo de la fuerza, la presencia de poderosos ejércitos coloniales, de cañones, fusiles, ametralladoras, barcos de guerra, etc., es la gran constante en el periodo del reparto”. Pongamos un solo ejemplo: En 1904 los pueblos Herero y Nama se rebelaron contra las autoridades coloniales alemanas que gobernaban el sudeste de África (hoy Namibia). Entre 1904 y 1907, cerca de 100.000 personas fueron asesinadas (75% de los Herero y 50% de los Nama) por los invasores coloniales alemanes a través de la violencia directa, por hambre y por el envenenamiento deliberado de los pozos de agua. Naciones Unidas considera a esta matanza el primer genocidio del siglo XX.

África en 1914
Hacia 1914 el pastel Africano ya ha sido repartido y ocupado entre siete países de Europa. Sólo han quedado Liberia y Abisinia. De los 54 países del África actual, unos 25 estaban en manos de Inglaterra y Francia, el resto han caído bajo el poder de Alemania (que los perderá tras la Primera Guerra Mundial), Portugal, España, Italia (perdidos tras la Segunda Guerra Mundial) y Bélgica. La explotación económica es la primera preocupación de los colonizadores. Las colonias proporcionaban materias primas a las metrópolis; algodón, caucho, arroz, azúcar, hierro, bauxita, zinc, oro…y luego debían comprar los productos manufacturados, más caros, pues no se les permitía la industrialización. Además, la introducción del monocultivo de exportación redujo las tierras destinadas a producir bienes de primera necesidad. Es verdad que también se construyeron puertos, ferrocarriles, escuelas y hospitales, pero no hay que olvidar que todo ello tenía por objeto facilitar la administración y la explotación de las colonias, y posibilitar la creación de una masa de población indígena occidentalizada y subalterna. Hacia 1936, por ejemplo, en Kenia, los ingleses dedicaban 44 céntimos per cápita para la educación del negro, mientras dedicaban 800 chelines para la del blanco. En otros lugares los niños eran considerados simple mano de obra. En Angola, cuando hacía falta mano de obra para trabajar en las minas o en las plantaciones, el gobierno portugués obligaba a la población indígena que aparentase tener más de 10 años a demostrar que había trabajado en los seis meses anteriores o que estaba trabajando en ese momento, si no era así, eran enviados a hacer trabajos forzosos. El descenso de la mortalidad que conllevó la introducción de la medicina moderna, al tiempo que se mantenía la pobreza generalizada de la población, mantuvo la natalidad en niveles muy elevados y eso ha provocado un rápido crecimiento de la población en África. En 1901, por ejemplo, se contabilizaban 187.600 habitantes negros en Rhodesia del Sur (Zimbabue); en 1970 la población ya era de 5.400.000 habitantes.

Es evidente que los colonizadores no previeron las consecuencias de la introducción en África de las estructuras económicas modernas sobre un sustrato tradicional, agrario y de subsistencia, sin apenas vínculos ni lazos de unión entre ellos. Es más, ni siquiera les importaba si esto traería o no consecuencias. La economía colonial no favoreció el crecimiento de las colonias, sino el crecimiento de los sectores y compañías que habían monopolizado la explotación de determinados productos, controlados por extranjeros y dedicados a la exportación. De manera que las colonias africanas perdieron su independencia y su autonomía para quedar integradas en un circuito de intercambio desigual que se perpetúa hasta nuestros días. Por si esto fuera poco, las fronteras políticas de las colonias que trazaron los europeos no tenían en cuenta la variedad étnica que cada colonia unía o separaba. Así por ejemplo, los hausa quedaron separados entre Nigeria y Níger, o los ewe entre Ghana y Togo. En otros casos se reunieron etnias rivales sembrando con ello la semilla de los conflictos que llegarían con la independencia política de los países africanos, pues debían asumir las mismas fronteras artificiales que se les impusiera en la etapa colonial. Las guerras de Nigeria, Kenia, Zaire (R.D. del Congo) y el genocidio de Ruanda y Burundi son sólo algunos ejemplos de la segunda plaga que asoló África, ya en la segunda mitad del siglo XX.

La Descolonización de África
Segunda Plaga. Descolonización: Después de la Segunda Guerra Mundial llegó esta plaga a África. La debilidad de Europa después de la Guerra, el apoyo decidido de las Naciones Unidas a la “autodeterminación de los pueblos”, y el despertar de los nacionalismos en las colonias son algunos de los factores que convertían su administración y dominio en una carga incómoda para las antiguas metrópolis. Y fueron marchándose poco a poco. Entre 1952 y 1956 lograron su independencia los países islámicos del Magreb. Prácticamente la totalidad del África Subsahariana consiguió su independencia entre 1952 y 1962, y hasta 1975 el resto. Pero los europeos no estaban dispuestos a marcharse así como así. No sin antes asegurarse, o intentarlo al menos, prolongar la explotación económica bajo formas menos visibles que en su etapa de dominio, contando incluso con el beneplácito, forzado o consentido, del nuevo gobierno. La mayoría de los países africanos consiguieron su independencia por esta vía, mediante el entendimiento de la metrópoli con la burguesía autóctona o con las autoridades indígenas locales. Aunque estos gobiernos títeres no duraran mucho y fueran derrocados y sustituidos por dictadores, que aún podían seguir presentándose como “amigos de Occidente” siempre y cuando respetaran sus intereses. El caso de Libia es ejemplar. Los Aliados se hicieron cargo de su administración después de la derrota italiana en la Segunda Guerra Mundial hasta 1951. Conseguida su independencia en este año, se instauró una monarquía apuntalada por los occidentales a cambio de la explotación de su petróleo. Pero en 1969 el coronel Gadafi dio un golpe de estado e instauró una dictadura que ha llegado hasta nuestros días.  La lista de dictadores africanos es, sin embargo, larga y compleja. En los últimos 50 años África ha sufrido 186 golpes de estado y 26 guerras. Como afirma el periodista de Burundi, Alexis Sinduhije, la dictadura “es el monstruo concebido por Occidente para reemplazar la colonización en África” con una misión específica, "impedir la progresión del comunismo en el continente”.

Porque, África, como Asia, fue también escenario de la Guerra Fría, y las luchas de sus pueblos por su independencia sacudiéndose el yugo del capitalismo que los había explotado durante siglos sólo podía ser interpretado por los halcones de las cancillerías occidentales como un acercamiento a la órbita soviética, y se opusieron a ello con todas sus fuerzas. Es lo que ocurrió, por ejemplo, en Kenia y en Argelia. En esta última Francia reprimió con sangre y fuego las manifestaciones del 8 de mayo de 1945 que se sucedieron por todo el país pidiendo su independencia. Con un saldo de 45.000 muertos en la calle, el gobierno francés dejaba claro que la lucha armada era el único camino posible. Entre 1954 y 1962 se desarrolló la guerra de liberación, en donde Francia desplegó a casi medio millón de soldados que practicaron una guerra de desgaste y de exterminio, dejando como resultado cerca de 1.500.000 de argelinos y unos 300.000 franceses muertos.

Muy a menudo las metrópolis quisieron hacer inviable la independencia creando federaciones de estados, y provocando divergencias entre las fuerzas políticas y étnicas implicadas en el proceso. De esa manera justificaba su presencia como necesaria para pacificar la zona o mediar en el conflicto, aunque la mayoría de las veces se trataba de apoyar a una de las partes en litigio para obtener ventajas económicas una vez conseguida la independencia y consolidado el nuevo estado. Es lo que ocurrió, por ejemplo, en Nigeria, Somalia y el Congo Belga. En Nigeria tuvo lugar la Guerra de Biafra (1967-1970) por el intento de secesión de la etnia Ibo que vivía en el sudeste del país. Éstos recibieron apoyo de la compañía inglesa Shell British a cambio de concesiones en la explotación de petróleo y de estaño. En el Congo (R.D. del Congo) se proclamó una República en 1960 contraria a los intereses occidentales. Bélgica y Estados Unidos promovieron y apoyaron entonces la secesión de la región minera de Katanga. Entre las compañías que apoyaban la secesión estaban la Sociedad General de Bélgica, que controlaba el 70% de los recursos de la zona, y la Unión Minera del Alto Katanga. En agosto de 1960 la CIA dio el visto bueno al asesinato del nuevo presidente congoleño, Patricio Lumumba, que fue ejecutado el 17 de enero de 1961. La crisis se resuelve, en principio, con la entrada en el gobierno, en 1963, del secesionista Moise Tshombe,  “el amigo de Occidente”, quien pondrá a salvo los 4.000 millones de dólares que había invertido la Unión Minera en Katanga.

El Sahara y el muro construido por Marruecos
para defenderse del Frente Polisario
Hemos dejado para el final la última de las “despedidas vergonzosas”, la protagonizada por España en el Sahara Occidental. En vez de satisfacer las aspiraciones del nacionalismo saharaui de formar un estado propio, aspiraciones respaldadas incluso por la ONU, España cedió a las pretensiones de Marruecos sobre la antigua colonia a cambio de olvidarse para siempre de Ceuta y Melilla. En el Consejo de Ministros del 17 de octubre de 1975, ya con Franco gravemente enfermo, se decide entregar el Sahara y dividirlo entre Marruecos y Mauritania. La entrega se formaliza en el Tratado de Madrid firmado el 14 de noviembre de 1975. La ley de Descolonización del Sahara la firmó el Jefe del Estado en funciones, el príncipe Juan Carlos, el 19 de noviembre y se publicó el día 20. El Frente Polisario, formado en 1973 y brazo armado del nacionalismo saharaui, proclamó de forma unilateral la República Árabe del Sahara en 1976, iniciando la lucha por la liberación. Mauritania abandonó su parte en 1979, pero la estrecha franja que ocupaba en el sur ha sido ocupaba por Marruecos. Como afirma David Solar, historiador, periodista y corresponsal en el Sahara en esos años, “España cometía una infamia histórica, que nadie ha querido aclarar porque hiede, y dejaba abierta una guerra que aún ensangrienta la región”.     


6 comentarios:

  1. Felicidades por otro excelente artículo. Ya espero la segunda parte. Recientemente por un documental conocí el caso de El Sahel desde la perspectiva de un chadiano. Resulta que una de las causas fundamentales de la degradación medioambiental de El Sahel es el cultivo del algodón, que ha convertido en erial el terreno cultivado por la gran demanda de agua. Las potencias coloniales, mientras importan en origen la materia prima sin procesar por la que pagan precios muy bajos, con sus altos aranceles impiden que los chadianos puedan exportarla en su forma refinada, condenándolos a la pobreza y la explotación. Otra muestra del juego sucio de la globalización.

    Por cierto, acabo de publicar un nuevo artículo con el que trato de exponer las trampas de la economía y las finanzas modernas, desmitificando el pensamiento económico dominante que, en lugar de servir para adaptar el sistema financiero para que ofrezca el mejor servicio a nuestra sociedad, moldea y transforma todas las instituciones de nuestra sociedad para subordinarlas al poder financiero y la corporate-class. Ya me dirás qué te parece.

    http://dinamicamodernadelaglobalizacion.blogspot.com.es/2013/05/las-finanzas-modernas-en-el-contexto-de.html

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Efectivamente, el juego sucio de la Globalización consiste, entre otras cosas, en la prolongación de las antiguas formas de explotación colonial a través de unas reglas que teóricamente deben garantizar el libre mercado,pero que, en la práctica, perpetúan el intercambio desigual establecido desde antaño entre Metrópoli y Colonia. La desprotección arancelaria impuesta a los países africanos por los acuerdos económicos con la Unión Europea a sus productos al mismo tiempo que se subvencionan los propios para mejorar las exportaciones, es un buen ejemplo de eso que ahora se llama "anticooperación". Los países ricos se presentan al mundo como muy preocupados por la pobreza mundial y participan en programas de ayuda (objetivos del Milenio), y al mismo tiempo se mantienen intactas o se refuerzan las políticas que la causan. Ahora el eufemismo "Globalización", en sustitución de "Neocolonialismo", mucho más ajustado a la realidad, permite también camuflar el juego sucio de los países ricos y mantener su hipocresía.

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  2. Gracias por este excelente ,real y verídico artículo que explica el mal de África que hasta hoy días sufren los africanos y muchos en vez de luchar y crear riqueza en sus países optan por el "sueño" europeo ,emigrar porque en sus países de origen no haya estabilidad,no una verdadera paz,lo que hay a diario es la explotación ,la humillación y sálvese quien pueda porque si no es una cosa hoy mañana otra. Los políticos africanos en su mayoría sólo piensan en enriquecerse a costa de sus pueblos ,no generan empleo ni riqueza para sus pueblos y una de las causas de los conflictos son precisamente estos politiqueros.

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    1. Gracias a ti por tu comentario. La corrupción de los gobiernos en África es otro mal endémico que afecta al continente, y otro efecto de la explotación a la que se ve sometida por Occidente. Lo peor de la corrupción, si dejamos a un lado, claro está, el sufrimiento del pueblo, es que puede tomarse el efecto por la causa y negar así cualquier tipo de ayuda. Este tipo de prejuicios tiene una función muy clara, y es mantener la situación socioeconómica que favorece al mundo desarrollado al mismo tiempo que tranquiliza su conciencia.
      Saludos

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  3. Wooow bastante interesante, apenas me he interesado en historia internacional y me ha llamado mucho la atención el caso de África, me enteré de varias cosas nuevas, gracias por tu aporte :)

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    1. Gracias a tí por la lectura y por dejar testimonio de ella.Quizá consigamos que África sea así un continente menos olvidado.

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